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EL OLVIDO Y EL SILENCIO DE LOS TAGAERI-TAROMENANE

25 Gennaio 2024
EL OLVIDO Y EL SILENCIO DE LOS TAGAERI-TAROMENANE

En la Amazonía ecuatoriana entre los ríos Yasuní y Curaray se encuentran las poblaciones de los Tagaeri-Taromenane. Estos grupos de indígenas, probablemente pertenecientes a los más conocidos Waorani, han optado por vivir sin mantener un contacto cercano con la población mayoritaria. Como ellos mismos se definen, son pueblos ecosistémicos, es decir pueblos que viven en estricto contacto con el ecosistema a su alrededor y con fuerte dependencia a su entorno ecológico de donde se desprende su sustento, cosmovisión, instituciones sociales, costumbres y su noción del buen vivir – Sumak Kawsay en kichwa. 

Ellos se dedican a la caza y a la recolección de alimentos existentes en la región donde ellos viven, la selva amazónica ecuatoriana, una de las áreas con mayor biodiversidad del mundo además de ser nombrada por la Unesco como Reserva de la Biosfera Yasuní en 1989. 

La importancia de este territorio también se ha reflejado en la consulta popular que aconteció durante el mandato de Guillermo Lasso este 25 de septiembre pasado, cuando la población fue llamada a sufragar sobre la extracción de petróleo dentro de esta reserva. Felizmente ganó el ”Sí” con un 59%. 

A pesar de la alegría de la victoria para la conservación de este lugar tan importante, no se puede pasar por alto la historia que este lugar y sus pueblos han vivido, una historia hecha de violencia, conquista y matanza de los seres humanos que la habían habitada en armonía por siglos. 

Esta historia empieza en el 1950 cuando el Instituto Lingüístico de Verano llegó con el objetivo de “civilizar a los aucas”, con fuerza fueron expulsados, pero esto no fue suficiente para impedir el ingreso y la conquista forzada de parte de las empresas explotadoras de la Amazonía ecuatoriana. La misma constitución ecuatoriana consagra en el Artículo 57 que: “Los pueblos en aislamiento voluntario son de posesión ancestral irreductible e intangible y en ellos estará vedada todo tipo de actividad extractiva.” El Estado también garantiza en el mismo artículo que adoptará medidas para asegurar las vidas de estos pueblos y de respetar su autodeterminación y voluntad de permanecer en aislamiento, y si estos derechos son violados serán sancionados por la ley como un acto de etnocidio

Sin embargo, la historia nos cuenta que este artículo no fue suficiente para impedir las empresas de madera ilegales que manipularon las poblaciones indígenas hasta tal punto, que empezaron a matarse entre ellos.

El primer acto de violencia aconteció en el 2003 cuando un grupo de los Waorani atacaron a los Taromenane y mataron niños y niñas y se llevaron la cabeza de un hombre como trofeo. Todo por venganza de la muerte de un Waorani, Carlos Ima, asesinado por los Taromenane instigados por taladores ilegales quienes habían financiado la expedición, debido a los constantes conflictos con los pueblos aislados. 

Si bien la ministra del ambiente y el ministro de gobierno fueron informados de los actos de violencia que estaban ocurriendo con la finalidad de detener la tala ilegal de madera y preservar el territorio de los indígenas, en el 2006 madereros ilegales sufrieron un ataque con lanzas por miembros de los Taromenane. Debido a el ingreso no autorizado de forma irrespetuosa en su territorio ancestral de parte de los taladores, un talador murió y meses después este acto provocó la muerte de un número indefinido de indígenas. Número incierto a causa de las escasas investigaciónes que fueron realizadas por las autoridades de turno.

Lamentablemente la racha de violencia y venganza no tuvo fin y en el 2013 miembros del pueblo Taromenane mataron una pareja de nacionalidad Waorani de nombre Ompore y Buganey. Las causas de esta matanza aún se desconocen, sin embargo se manejan ciertas hipótesis sobre el ataque, pero el suceso dejó en evidencia que los Taromenane visitaban periódicamente a Ompore, le solicitaban ollas y machetes, y le pedían que mantuviera alejados a los extranjeros. Como repercusión de este acto de violencia un grupo de Waorani organizó la masacre con fuego y lanzas contra los Taromenane, donde perdieron la vida entre 30 y 50 personas y entre ellas niños.

Finalmente después de casi una década estas muertes encontraron una justicia en la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos que indicó el estado ecuatoriano como responsable de la falta de prevención de los etnocidios ocurridos. 

La justicia es hecha también contra actores que pueden parecer invencibles, por eso nos afirmamos firmemente que el estado debe garantizar políticas y acuerdos ambientales para que los pueblos indígenas aislados voluntariamente sean respetados con toda su cultura, su tradición y sobretodo debe hacer que el ambiente donde ellos habitan sea respetado, ya que ellos sí son conscientes del valor invaluable que poseen la biosfera amazónica, UN PULMÓN PARA EL MUNDO QUE ESTA EN NUESTRO PAÍS. 

Juan Miguel Mena Cabezas, consejal del municipio di Guaranda

Per la Redazione

Sara Palumbo 

Cómo viven hoy las tribus aisladas del Amazonas

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